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lunes, 7 de noviembre de 2016

Los viajes desconcertantes (Parte 2)

La espera en la sala de la terminal fue menos dolorosa que los veinte minutos sentado dentro del avión mientras desembarcaba todo el pasaje menos él. Las miradas del resto de pasajeros se fueron quedando prendadas en su ropa, en su piel, en su cabeza hasta formar una capa oleosa, imposible de ignorar, que le impregnaba hasta el fondo, donde fuera que estuviera su fondo.

Aún no había podido beber ni comer nada, lo había pedido, pero no les permitían darle nada dijo el policía que custodiaba la puerta. El frío del suelo traspasaba sus calcetines, y prefería no levantarse por si caminar sin cinturón le jugaba una mala pasada. Otro ridículo más no podría soportarlo.

viernes, 4 de noviembre de 2016

Los viajes desconcertantes (Parte 1)

Llevaba años viviendo en la frustración, pero el último viaje terminó por reventarle en la cara.

Empezó como cualquier otro de aquellos malditos viajes de trabajo. Los vuelos a primera o última hora tenían el espectáculo añadido del sol sobre el horizonte, esa luz anaranjada sobre todo al atardecer que ilumina el interior del avión como un árbol de navidad. En general era algo agradable, solía ver salir el sol cuando empezaba una jornada en el aire animando a empezar positivo, y al volver, el atardecer iba cerrando su mente hasta aterrizar y desconectar de camino a casa.

Sin embargo estaban los que llamaba viajes desconcertantes, aquellos en los que tenía que salir por la tarde hacia el Oeste, ganando unas horas y luego volvía hacia el Este de noche perdiendo de nuevo esas horas. Aquel fue uno de esos viajes.

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