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domingo, 13 de marzo de 2016

El búnker de Erin

El búnker de Erin medía 11 metros de largo por unos 7 de ancho. Cuando sus padres construyeron la casa era un sótano de acuerdo a los planos. Una sala a 15 metros de profundidad no era sótano a ojos de cualquiera, pero para sus ojos infantiles era un sótano y una sala de juegos. El padre de Erin era ingeniero químico, y diseñó personalmente las características del sótano. La estructura era de hormigón armado y el interior consistía en un recubrimiento de planchas de acero corrugado montado sobre las paredes, techo y suelo. La escalera de bajada inicial no era muy diferente de cualquier escalera de un casa estándar, incluso tenía pasamanos de madera de roble. Sin embargo después de bajar dos tramos se acababa en un descansillo de hormigón con una escotilla en el suelo. La escotilla estaba siempre abierta cuando Erin jugaba por la casa, asegurada con una gruesa cadena y un gran candado a una argolla en la pared para que no pudiera cerrarse sin que sus padres estuvieran presentes. Una vez bloqueada desde dentro ya no era posible abrirla desde fuera. Aprendió a usarla pronto, al menos para lo que cualquier padre sería razonable.

Se descendía por la escotilla usando una escalera anclada a la pared en un túnel de bajada vertical. 5 metros más abajo se llegaba a otro descansillo con acceso a la primera estancia del recinto subterráneo. Era la zona de descontaminación. Cuando el sistema estaba activo había que pasar un análisis de radiación. Si se detectaban niveles significativos, la puerta interior se bloqueaba, había que cerrar la puerta exterior, desnudarse por completo, tirar la ropa a un extractor e introducir una clave en el teclado para la ocasión. El sistema se activaba y se realizaba una descontaminación completa. Solo entonces era posible cruzar la puerta interior.


La mayor parte del búnker era ocupada por el tanque de agua, los filtros de aire y el generador. También estaba el sistema de reciclaje de basuras y de líquidos, que realimentan el tanque de agua. Hay un almacén con conservas para la supervivencia de 6 personas durante 2 años sin contacto con el exterior, un solo dormitorio con literas para 6 personas, dos aseos y una sala común que se utiliza como sala de ocio, cocina y comedor. En la sala común era donde Erin pasaba casi todo el tiempo, incluso dormía allí muchos días.

Según sus cálculos llevaba dentro del búnker 5 años, dos meses y 14 días. Tenía ya 20 años, 21 en Julio. En el exterior debía ser primavera. El día que se activó la alerta de nivel 5 por contaminación atómica hacía frío, era un 9 de Febrero. Lo marcó en su cuaderno y fue haciendo a mano un calendario, mes a mes, como le había explicado su padre, volcando todas sus sensaciones y pensamientos a diario. Su padre murió trabajando en la Central de Consolidación Atómica del East Side.

Estaba revisando los sistemas de medida del reciclado automático cuando saltó la alarma del perímetro. Sólo había habido alertas exteriores en los días siguientes a que se activara la alerta por contaminación, desde aquella primera semana nada de nada. Amplió las cámaras de la zona superior de la casa en los monitores principales del control. Una mujer abrió la puerta principal de un empujón, tiraba con su mano derecha de una niña pequeña. Cerró y movió el taquillón de la entrada para bloquear la puerta. Se movía rápido, buscó en la cocina y cogió un cuchillo. Su cara estaba totalmente desencajada, cogió a la niña por los hombros y le habló durante un minuto. La niña salió disparada, se movió por todas las habitaciones, abrió los armarios, pero no parecía encontrar lo que buscaba.

La puerta principal se empezó a mover, la estaban golpeando desde fuera. El taquillón templaba, la mujer apoyó su espalda contra él empezó a empujar. ¿Dónde estaba la niña? Las imágenes de las cámaras de arriba no la localizaban ya. La puerta reventó por la parte superior esparciendo trozos de madera por la casa. La mujer pareció gritar echándose las manos a la cabeza, se levantó y alzó la mano con el cuchillo en posición desafiante, un dardo se le clavó en el pecho y cayó sobre sus rodillas.

La niña... la niña, revisó todas las cámaras intentando apagar el nudo que tenía en la garganta. Entraron tres hombres con ropa militar y una especie de máscaras anti-gas. Uno de ellos señaló en varias direcciones y los otros dos comenzaron a buscar por la casa. ¡La escotilla! ¡Allí estaba la niña! Erin se movió lo más rápido que pudo, pasó por la zona de descontaminación, subió por la escalerilla y comenzó a desbloquear la escotilla ¡aquella jodida escotilla estaba dura de verdad después de tanto tiempo! Cuando pudo salir pudo ver a la niña llorando en rincón. Pasó a su lado casi sin mirarla y se dirigió hacia la puerta del sótano, la bloqueó por dentro. Se volvió la vió allí acurrucada, tapándose la cara con las manos. La cogió del antebrazo y tiró de ella, se resistió  un poco pero le indicó que bajara por la escalerilla y finalmente se movió. Cuando bajó la escotilla pudo oír cómo bajaba alguien por las escaleras del sótano, los dedos le hormigueaban por la fuerza con que agarraba los mecanismos de cierre. Oyó el sonido de la escotilla al bloquearse. ¡Sí!

Erin entró primero en la sala de descontaminación y no sucedió nada. Indicó con la mano a la niña que podía avanzar, cuando entró el proceso se inició por primera vez de manera no simulada. Le ayudó a quitarse la ropa y a realizar todo la limpieza. Cuando pasaron a la zona interior la niña miraba todo si hubiera pasado por un agujero de gusano hacia otro tiempo o lugar.

Erin se sentó en el control y revisó las cámaras de nuevo. Ya no había ningún militar en la escalera del sótano, afortunadamente su padre había diseñado tan bien el acceso que aquel tipo había asumido que fuera lo que fuera aquello, la niña no había podido entrar a esconderse. El que parecía dar las órdenes parecía cabreado de verdad, le gritaba a la mujer que estaba totalmente sedada y no podía responder a sus preguntas. Uno de sus esbirros le señaló a una ventana entreabierta del salón. Fue la última que los volvió a ver.

Erin abrazó a la niña son suavidad, recordando como su madre hacía lo mismo con ella. Su mente reaccionó de inmediato y comenzó a doler, sus recuerdos brotaron de nuevo, incontrolables, y todo el autocontrol que su padre le había inculcado se fue por el retrete. Se emborronó las lágrimas con la manga y le dio un beso en la mejilla.

Saldremos de esta, te lo prometo - le susurró, y notó como la apretaba un poco más fuerte.

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