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jueves, 29 de mayo de 2014

La deuda

Hoy sería un día interesante en su vida, aunque no lo parezca él sabía que sería su último día. Había vuelto al pueblo después de más de diez años de ausencia, y hay cosas que nunca se olvidan. Había vuelto para saldar sus deudas, y para que otros pasasen página, para darse la oportunidad de cambiar sus vidas. Solía pensar que tenía más cicatrices por lo que no había podido hacer que por aquello que hizo. Hoy el dolor de la humillación supera al de enfrentar la responsabilidad.

Recordó las múltiples advertencias que su familia le abía hecho como algo que le hubiera pasado a otra persona, los pelos se le erizaron en la nuca y notó el sudor empezando a correr por sus sienes. Exhaló ruidosamente y apretó el gatillo de la escopeta. Sí, hoy se solucionaría todo. No quedó ni un solo animal vivo en la nave: seis vacas, dos terneros, un potro, una yegüa y una docena de gallinas con su gallo.
Estuvo algo menos de una hora sentado en un taburete de los de ordeñar, fumando. Se fumó solo 5 pitillos, pero esta vez los disfrutó como nunca. Sintió el calor en su cuerpo entrando y saliendo, llenando lo que siempre estuvo vacío. La luz empezaba a entrar difusa por los sucios ventanales, la mayoría estaban resquebrajados. Oyó las primeras maldiciones cuando Arsene encontró el candado de la portada roto. Maldito francés, bastardo, hijo de la  entrañas de una cabra.

Arsene, el primer y único francés que había llegado al pueblo, entró con una horquilla para la paja en la mano, y con la boca torcida de ira. Sus ojos se dilataron mientras observaba como Manuel terminaba su último cigarro.

- ¿Qué coño haces aquí? - farfulló el francés con su acento marcado.
- He venido a cobrar por mi hermana.
- Está todo olvidado, aquí nadie se acuerda ya de ti ni de tu hermana, así que sal de mis tierras si no quieres tener problemas.
Manuel esbozó una sonrisa - No me has entendido, hoy vengo a cobrar por lo que tomaste, sin excusas.

El primer disparo le reventó la rodilla derecha. Cayó al suelo sin remedio y una arcada le vino a la garganta. Manuel tiró el cigarro al suelo y lo pisó mientras se acercaba. Recogió la horquilla y se la clavó en la otra pierna a la altura del muslo. El francés terminó por vomitar su reciente desayuno con un espasmo incontrolable.

- ¿Ves?, ahora nos empezamos a entender. Mi hermana se quedó embarazada, me imagino que lo sabías ya. Tuvimos que recorrer cien kilómetros sobre una carreta de mierda, tirada por una mula de mierda que cayó de cansancio antes de llegar a nuestro destino. Andamos otros cincuenta más hasta llegar a la casa de mi tío. Esa noche perdió al bebé. Fui yo mismo con estas manos quien lo enterró en el corral.

Vomitó de nuevo, sólo un líquido amarillento y babas, como un borracho llegando de madrugada. Le soltó una patada en la cara que le destrozó la nariz y le saltó un diente de cuajo.

- Casi hemos terminado, no te apures, hoy no tendrás muchas tareas que hacer - Manuel sacó el paquete de cigarrillos y se encendió otro más. - Estuvo dos meses llorando, no fui capaz de consolarla. Ni un día, ni un sólo día lo fui. El 5 de Abril la encontré, tirada en las carreteras, como un animal, esperando a que alguien llegara y la apartara para pasar.

Le puso la boca del cañón en la parte de atrás de la cabeza, por encima de la nuca. Permanecía tumbado de espaldas, escuchando sin más, quizás suplicando en silencio un milagro que no tenía muchas probabilidades de pasar. Manuel pensó de nuevo en su hermana y volvió a apretar el gatillo.

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