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jueves, 6 de marzo de 2014

Cuando te escribo

He de reconocer que siempre había pensado en los días nublados y lluviosos como algo emotivo, pero estos días apartado de todo han cambiado mis convicciones. Por las mañanas las contraventanas de madera dejan pasar una poca luz mortecina, siento reconocer que no me motiva empezar el día, siento que no queda nada de lo que un día fuimos, ni besos de buenos días, ni desayunos, ni un abrazo al despedirse antes de ir a trabajar.

Me siento en el extremo del sofá, con las piernas en alto sobre la mesita, recogiendo el calor del radiador debajo de la ventana. Pienso que leer me ayuda a inventar más recuerdos que más que llenar lo que sería el vacío que dejaste, lo recubren todo de fantasías, y dejo que la lectura sea verdad durante unos minutos.

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