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jueves, 28 de febrero de 2013

Hasta hace unos días


Esa tarde empezó a pensar que hubiera elegido el camino que hubiera elegido habría dado igual, al final siempre se termina encerrado dentro la jaula que uno elige. Es imposible salir de ella en general, solo algunos lo consiguen, arriesgando mucho y no siendo siempre comprendidos. Las responsabilidades que vamos acumulando con los años terminan siendo más pesadas que cuando las tomamos originalmente como retos, sin darnos cuenta de que nuestra culpabilidad nos llevó construir una dependencia que realmente no existe.

La frustración ha sido un desagradable compañero, hasta hace unos días. Le dijo adiós definitivamente, cuando decidió que sus errores eran más frecuentes que los escasos momentos de triunfo. Decidió que si sus errores le importaran tanto ya lo habría dejado hace tiempo, que seguramente debería disfrutar más de sus errores, eso mejoraría indudablemente su vida.


¿Elegir otra profesión? Quizás hubiera ayudado, pero no recuerda que esa sensación como si su corazón goteara de emoción la hubiera sentido en otro lugar. Aunque cada paso ha sido doloroso, y aunque María lo dejara por otro, por imposible, por desastroso en todo aquello que hacía salvo subirse a un escenario, la única manera de dejar de sufrir cada día el desprecio de los demás, de sí mismo, fue dejarlo ir. Dejar ir a todos sus compañeros de soledad.

Lavar platos no sería seguro la alternativa si hubiera elegido otro camino, pero pagaba las facturas. Cada día era una prueba más de sus errores, aunque ahora eran ejercicios para un posible nuevo papel. Su autocontrol era  tan alto que cada vez más se veía en más momentos desde fuera, enfadado, riendo, gritando o llorando. Su exoconsciencia como ya la llamaba él, a falta de un nombre más personal. Ya era capaz de saltar de una consciencia a otra como el agua saltaba de una roca a otra.

Jugaba a representar diferentes emociones mientras trabajaba, convencido de que cuando llegara su oportunidad aquellos ejercicios le valdrían el reconocimiento de sus colegas y del público. Se irritaba sin razón y vislumbraba desde su rincón exterior como los demás interactuaban con él, lloraba para pedir cualquier nimiedad y hasta a veces se puso especialmente duro con el chico nuevo, que aunque tenía solo dieciséis años tan pronto colapsaba de pánico como compartía sin pudor sus experiencias íntimas.

Hace un par de días decidió que la mejor manera de mejorar sería verse siempre así, desde fuera, criticándose cuando fallaba y animándose cuando podía hacerlo mejor,  cual maestro adiestrando a su aprendiz. Hace un par de días dejó de sentirse mal por no llegar nunca a ser lo que todos esperan de él. Hace un par de días sus errores continuos dejaron de importarle,  porque dejaron de ser suyos.

2 comentarios:

  1. Afortunadamente no :) , es lo que tiene volver a leer a lovecraft, tus pensamientos se empiezan a enredar en laberintos oscuros...

    Saludos, Jose.

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