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jueves, 27 de septiembre de 2012

El desaparecido


Yo no me considero una persona rara. Aunque claro, cualquiera tiene sus manías y rutinas, yo diría que hasta lo raro sería no tenerlas. No me molesta que la gente pasee sus perros por las zonas verdes, pero me saca de quicio que les deje hacer sus necesidades al lado de los parques infantiles, aunque lo limpie luego. Me molesta que la gente preste más atención a su móvil que a la conversación que estamos teniendo. Nada raro diría yo.

Lo de raro seguramente me vino cuando comencé a trabajar de reponedor en el supermercado. En la zona de droguería. Sección higiene femenina. Ahora sí ¿no? Pues a mí no me ha parecido nunca tan raro, la verdad. Yo hago mi trabajo bastante bien, tengo todas las baldas limpias y bien surtidas. Sin embargo mis amigos empezaron a mirarme diferente. Después de unas semanas llegó el día en que sentí por primera vez tanto rechazo que pensé “me gustaría desaparecer !ya!” . Decidí que debía dejar de salir con ellos, y como en el trabajo me sentía a gusto seguí a lo mio.


El primer problema en el trabajo lo tuve el día del incidente. Sí, yo lo suelo llamar el incidente, una desastrosa cadena de infortunios. Aquel día estaba en el almacén llevando mis cajas desde la zona de descarga hasta el área de trabajo de droguería. 30 cajas en total del pedido eran para mi sección. La 29, cogí la 29 y sin saber cómo me golpee de manera involuntaria en la nariz. Los que somos de nariz prominente tenemos algo más fácil este tipo de escenas como podréis comprender, pero vamos, que ni es excusa ni nadie es más comprensivo por ello.

Aquello sangraba como cuando mi padre mataba el marrano en invierno, eso sí, sin los chillidos pertinentes. Aquello era horrible, me puse la cabeza para arriba y busqué como loco un pañuelo en el bolsillo. Me tapé como pude pero aquello era como el Ebro desbordado, ¡me cago en la leche! - balbuceé. !Rápido, rápido¡ en línea recta las vi. Las cajas de tampones. ¡Eso es! Busqué desesperado los más pequeños - “Los más fáciles de colocar” se podía leer en la caja, allá fui.

Me coloqué uno en la nariz y aquello fue como volver a la vida, no sé qué tendrán pero fue como poner puertas al mar Mediterráneo. Me sentía tan bien que volví a mi tarea. Ordené todo el pedido y lo dejé listo para ir reponiendo según fuera necesario. Me lavé las manos y me cambié de uniforme, no era plan de asustar a nadie.

Tras mi merecido descanso me dispuse a revisar mi pasillo y reponer, saqué varias cajas y me puse al trabajo. La gente pasaba por mi lado nerviosa. Pensé que quizás no estaba teniendo cuidado y los pasillos son tan estrecho que molestaba a la señoras que pasaban. Pero no, cosa extraña aquella mañana todo el mundo parecía fijarse en mí, como que me evitaban. Tras media hora de rocambolescas escenas, mi supervisora me agarró del brazo y me llevó para el almacén de vuelta.

- ¿Pero qué se supone que estás haciendo? - gritó- ¿Estás loco o qué?
- ¿Por qué? - respondí, y vi como sus ojos hacían círculos hacia un lado y hacia el otro.
- ¿Qué se supone que tienes ahí? - su dedo acusador apuntaba sin duda hacia mi nariz...

Cuando saqué el tampón del agujero de mi nariz, he de reconocer que pensé que me iban a despedir ipso facto. En aquel momento volví a pensar “me gustaría desaparecer !ya!”.

Finalmente aquello se quedó en una falta muy grave. Las siguientes semanas me esforcé por pasar desapercibido. Y lo conseguí. No tuve ningún problema con las clientas, de hecho me di cuenta que a partir del primer mes pasaban a mi lado despreocupadamente, casi como si no me vieran. Mi jefa ya no tuvo más quejas sobre mí. De hecho, dejó de citarme para las revisiones trimestrales de rendimiento. Fue un alivio, la verdad.

La última vez que deseé desaparecer fue el 23 de Abril. Era un día lluvioso, gris y mohíno. Subí al autobús, y aunque no suele haber mucha gente a esas horas, dejé pasar primero a las pocas personas que había esperando. Ni una me lo agradeció, ni una mirada de comprensión. Entré por el almacén y me cambié. Al salir del vestuario, mi jefa estaba colgando una nota en el tablón.

“Tras 3 meses de incertidumbre por la desaparición de nuestro querido compañero Mariano, y tras consultar tanto a los servicios jurídicos como al comité de empresa, se ha abierto una plaza de reponedor para el área de higiene femenina. Aquellos que conozcan algún candidato interesado, por favor entregar los CVs en la oficina de administración”

Sí, fue la última vez. “Me gustaría desaparecer !ya!”.

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