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domingo, 24 de junio de 2012

Desarraigo


Lo único que aún conservaba de su madre era un retrato de su abuela, que desgraciadamente le recordaba sin ninguna duda a su ahora difunta progenitora. La naturalidad con que se tomaba el desplante que le había hecho al morir contrastaba con aquella ira subyugante que siempre parecía aflorar en cuanto las cosas no iban como él quería. Su madre siempre le amenazó con que aquello iba a pasar, y aunque él nunca corrigió su comportamiento, en el fondo de su ser siempre pensó que el amor de una madre era inquebrantable.

El hecho que seguramente cambió la relación de Armand con su madre fue el incidente de la biblioteca familiar. Aquella noche Armand explotó como tantas otras veces desde niño con una salida de tono egocéntrica, de aquellas que se deben atajar cuando uno aún es pequeño, porque cuando eres adolescente ya no hay quien las pare. Su madre era viuda, para él había sido viuda toda su vida, ya que su padre murió cuando él aún no caminaba. Era militar de carrera, pasaba poco tiempo en casa, pero aunque de cara a la mayoría del mundo era un tipo duro y cautivado por seguir normas constantemente, la relación con su esposa era puro romance. Su padre mandó decenas de cartas desde todos los destinos en los que tuvo que trabajar, con versos, aventuras y mucho cariño para su mujer.

domingo, 3 de junio de 2012

El club de lectura de Bellasombra


El club de lectura de Bellasombra no existe. Al menos eso era lo que yo pensaba. La mayoría del personal del centro nunca lo llegará a conocer, y los pocos que lo conocen no hablan nunca del tema.

Todo empezó con aquellos golpes, aquellos pequeños golpes, imperceptibles. La primera vez que fui consciente de ellos fue exactamente hace un año. Lo sé porque aquel día perdí el trabajo y murió mi perro. Pasé la mayor parte del día haciendo papeles, por la noche no tenía ganas de cenar. Preparé un café cortado y me senté un rato a descansar. Me quedé dormido sin querer de puro agotamiento, y los oí. Estoy seguro de que los oí aquella noche.

La mañana siguiente fue tranquila, todos mis amigos me habían recomendado tomarme unos días para pensar y relajarme. Me levanté tarde, muy aturdido aún por los acontecimientos. A la tarde salí a dar un pequeño paseo, para que me diera el aire, y empecé a darle vueltas a esa sensación tan molesta que no paraba de martillear en mi cabeza.

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