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jueves, 22 de marzo de 2012

Lucas

En estos tiempos en los que la integridad es una cualidad tan poco abundante, Lucas maneja con habilidad sus manos en el jardín. Ayer comenzó a pensar que todos nacemos con maldad en nuestro interior, o al menos con más facilidad para ser malos que buenos. Siempre lo supo, pero nunca lo pensó hasta ahora.

Acarició los brotes nuevos que esta primavera empezaba a traer, y limpió los pocos hierbajos que se escondían entre la tierra húmeda. Para ser buena persona hay que esforzarse. Para ser buena persona hay que sufrir y vivir el dolor de la vida. ¿Habrá alguna línea tras la cual ya no haya marcha atrás? Quizá sí, quizá no, aunque estaba convencido de que si la hubiera, él estaría del lado de los buenos.
En el bar de Chicote dicen que los bancos son unos cabrones, y que engañaron a la gente. Y entonces Lucas se acordó de su madre, de cuando de pequeño él le preguntó que cuál era el pecado del Diablo, que si todo el mundo sabe que es el diablo entonces no hay trampa ni cartón. Su madre le dijo que no hay mayor ciego que el que no quiere ver. Él no lo entendió en aquel momento, pero después de años de ver conocidos obsesionados por su propia codicia lo entendió.

Este año está siendo más seco de lo normal, pero Lucas los ha pasado peores. Sobre todo cuando eran aún tres en casa, con Padre y Madre. Ahora ya no es tan grave, sacando para comer casi todos los días la vida sigue igual. Padre lo pasaba peor. Él se conforma con sentarse a la puerta de casa y observar como el sol termina el día sobre su huerto con un poco de café aguado en la taza.

Se sentó en una de las sillas del porche, con la taza en la mano, viendo pasar de lejos algún coche hacia el pueblo o algún que otro tractor hacia las vegas cerca del río. Sobre las seis Samuel, el cartero, abrió la cancela de la entrada como todos los miércoles. Ya se había acostumbrado a su visita, dejaba la vespa a un lado del camino y paraba unos minutos a descansar con él aunque no tuviera nada que entregarle. Hoy traía una carta.

- Me encantan los rosales que plantaste a ese lado - dijo Samuel señalando hacia el Sur.
- Madre adoraba las rosas, si querías verla sonreír no tenias más que regalarle rosas.
- Entonces será la más feliz cuando los vea. Cada primavera son más espectaculares, un día de estos traeré a Ana para que los vea.
- Luego te corto unas pocas, dile que Madre se las envía.
- ¿No habías ido ya por la ciudad para arreglar lo de su traslado? - Samuel le acercó la carta que traía para él. Lucas la volvió y pasó los dedos por encima del membrete de la Seguridad Social.

- Lo hice - dijo susurrando para sí mismo.
- Pues te han hecho poco caso.
- Dijeron que no pueden enviar las cartas al extranjero, así que dejé esta dirección.
- Ahora no es como antes, una llamada a la Argentina de vez en cuando no es un lujo. Tu hermana también agradecerá saber de ti, que casi no la llamabais.
- Lo sé,  lo sé.

Samuel acomodó el ramo de rosas que le había preparado en el cajetín, suerte que ya estaba acabando el turno. Hoy sería una tarde perfecta, quizás un café en la plaza con pastelillos no sería una mala idea.

Lucas vio alejarse al cartero levantando el polvo del camino, fue hacia el garaje y recogió la regadera pequeña. A Padre nunca le gustó usar regadera, tiraba de manguera para todo, pero a Madre le encantaba ir mimando las plantas como si fueran únicas. La llenó con agua del pozo y rodeó con cuidado los semilleros hasta llegar a los rosales. El agua suficiente, ni mucha ni poca, la justa.

- Sé que lo entiendes - murmuró - necesito ese dinero, sé que me perdonas. Tus amigas te echan de menos. Ya les he dicho que tú te acuerdas de todas, que ya escribirás, que todo fue muy precipitado y no te pudiste despedir. He guardado tus cosas, incluso aquel abrigo que te regaló Padre, el que odiabas tanto ponerte. Perdóname, sabes que no lo haría si no... - recogió la regadera enjugándose las lágrimas de aquel día - bueno, afortunadamente ya no lo necesitas. Dale un beso a Padre de mi parte si estáis juntos.

Entró en la casa y dejó la carta encima del montón, junto con las demás.

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