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sábado, 25 de febrero de 2012

Querida Gema

Querida Gema

Déjame que te cuente que esta tarde no he podido resistirme y he estado en el pueblo, visitando los lugares donde jugábamos de  pequeños. Sé que son tres horas de viaje, pero he salido un poco antes del trabajo para poder tener toda la tarde para pasear.

Al llegar me he fijado que el puente del arroyo es nuevo, me imagino que no tan nuevo como me imagino, pero ya sabes que hace tiempo que no pasaba. El agua no bajaba, como siempre, aunque no le echaré la culpa al verano, ya que recuerdo que incluso en primavera no era muy distinto. Al entrar en el pueblo me he parado a saludar a la vecina de la primera casa, que estaba sentada a la puerta, pero creo que no me ha reconocido.

He girado en la plaza sin pensarlo, aún estaba acordándome de los helados en el bar, ahora cerrado, y los cafés con hielo ya de mayores. He aparcado pegado a la casa de mis abuelos, sabía que no tenía las llaves, pero no he podido pensar en un lugar mejor. La verdad es que está algo más vieja de lo que recordaba, pero me emociono aún al pensar en mis abuelos de aquí para allá, ora almacenado leña para la navidad, ora regañándonos por andar a la gresca.
Me he cambiado en el coche y he salido a correr por el camino de la Calle Larga, el del accidente, y he podido ver aún algunas de las eras dónde ayudábamos a colocar la cebada en los camiones. Sigo estornudando al respirar el polvillo del ambiente, pero ha merecido la pena. He visto a un vecino trillando unos garbanzos, con 3 niños encima del trillo, como antes.

He llamado a la puerta de tus abuelos, pero no había nadie. Sé que no debería hacerlo a estas alturas, pero quería pedirte perdón. Perdón por no haberte hecho caso cuando debía, por no encontrar tus ojos cuando me buscabas con tu mirada, y por no saber devolver tus caricias. Sé que nunca me perdonarás por no haberte querido como te mereces, y sé que es tarde para decirlo.

La vida no ha sido como esperaba, no me he comido el mundo a bocados, y no he encontrado la felicidad en la aventura. Lo único que he conseguido ha sido echarte de menos, y valorar cada minuto que pasábamos juntos como una pepita de oro en mi memoria. Aquella chica con la salía me dejó hace meses, imagino que empezó a darse cuenta de que no la quería. Oí que te habías casado con Marcos, y que tuviste un crío. Espero que seas muy feliz.

Te dejo esta carta por debajo de la puerta, no me guardes rencor, no sabía quién era aún ni lo mucho que me arrepentiría de irme.

Te quiere, Javi.

6 comentarios:

  1. Solo una palabra... Genial.

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  2. Gracias Velvet, me alegro que te guste!

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  3. Me parece estar viendo cada paso que diste dentro del pueblo. Un relato fantástico. Tú sabes que me llevo a leerlo, iré leyendo el resto.
    Un saludo.

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  4. Gracias Salva, los relatos se parecen mucho a la vida, a veces son realidad y a veces nos los inventamos, nunca sabes muy bien cuál es cuál.

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  5. Llegué renqueando a este blog y terminé esculpiendo mi sonrisa con el filo de tus letras.

    Todos tenemos una Gema que olvidamos en algún lugar del camino y siempre pensamos que es tarde para volver atrás...

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  6. Tienes toda la razón, yo creo que la única diferencia está en si lograste rehacerte con los años y volverte a enamorar.
    Saludos.

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