Siempre he sido más de finales que de comienzos. Tal vez sea por mi tendencia a ser negativo. Eso, o tal vez que mi caracter gruñón ya es un modo de ver la vida. Es paradójico, lo sé, pero aquí empieza lo que será una lista de finales que imagino. Tal vez buscaban ser imaginados, y finalmente terminaron por serlo.
martes 3 de enero de 2012
La lista de libros
Hoy me he dado cuenta de que no voy a ser capaz de leer todos los libros que tengo pendientes. He hecho listas para que no se me olviden, pero ya tengo varias, nunca recuerdo dónde guardo la última. Quizás en la nube no sea un mal término incluso para una mente desconectada de la virtualidad como la mía.
La lista actual tiene la suerte de contar con el libro electrónico como compañero de viaje. Eso nos facilita mucho la vida. Si fuera un melómano no me sentiría tan mal de contar en mi lista con títulos tan dispares, siempre se ha dicho que la riqueza está en la mezcla.
Chejov se ríe de Sherlock Holmes porque sospecha que no hay Nada interesante en Laforet. Poe se ve extraño animando a un triste Al’Thor por ver morir a su creador antes de que La Rueda del Tiempo pudiera dar su último giro en esta Era. Pero claro, los versos de amor fallecieron y aunque resisten los libros que los vieron nacer, no pasan del rango de olvidados en algún cementerio de aquellos.
Cojo una cerilla de aquel restaurante mejicano en Suiza, y la prendo con celeridad, que no hay tiempo que perder. Mientras la funda abraza los chips de mi e-libro entre llamas, tacho uno tras otro los títulos que ya no leeré, y al tachar el último comienzo a pensar cuál será el siguiente libro que lea.
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imaginario,
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