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martes, 31 de enero de 2012

Optimista compulsivo


Vivo a cinco minutos de la persona que me gustaría ser. Cada cierto tiempo me doy otra oportunidad de cambiar, aunque siento que soy otro muerto viviente entre tantos, caminando entre indiferentes, predicadores y estafadores.

Tiendo la ropa en la ventana como quien tiende sus recuerdos del pasado, anhelando reconocerme en alguna de las prendas que llenan el día a día. Hoy pensé que escribir un poco me liberaría, que me dejaría ir un poco. Me saltaría la gente en el supermercado, me olvidaría del trabajo, y tal vez, tan sólo tal vez me saltaría tan bien la cola de mis pensamientos negativos.

Tras las inyecciones de dolor de la noticias, esta mañana he tenido un momento de lucidez. Incluso sentí la tentación de ser amable (¡Dios mío! Me he vuelto loco, ¡tan pronto!), esta oscura persona me tortura haciéndome sonreír, pero finalmente lo he dejado pasar, por si acaso alguien me reconocía.

Si eres de los que usa las redes sociales para predicar su propia propagada político-religiosa, no pierdas el tiempo conmigo, dejé de creer hace tiempo. Sé que me tacharás de optimista, pero me voy a arriesgar.


jueves, 26 de enero de 2012

La mirada perdida


Teresa recorrió el hall del hotel con la mirada perdida. Los arcos de piedra enmarcaban los grandes ventanales mostrando el mar abierto, azul oscuro. Los olores a fruta invadían el aire, y se alegró de no escuchar ningún piano de fondo. Siguió caminando entre las parejas de novios que se arremolinaban entorno a un guía turístico, como niños de excursión revoloteando alrededor del profesor, y se sentó en unos de los sofás mirando hacia la entrada.

Pasaron 30 minutos hasta que se decidió a pedir un café. El sol comenzaba a caer cuando el camarero se acercó para dejar la taza sobre la mesita.  Abrió la chocolatina y dejó que se deshiciera en su boca mientras intentaba mantener la calma.

jueves, 19 de enero de 2012

Quiero que lo dejemos


- Quiero que lo dejemos.
- A qué te refieres, ¿qué vamos a dejar?
- Te voy a dejar.
- Me...me dejas de piedra. ¿Así? ¿De repente?, si ayer mismo estuvimos discutiendo sobre el color de la mesa del comedor...


- Ese es el problema, no funciona, nuestra relación no funciona. Lo he estado pensando y creo que estamos perdiendo el tiempo.
- ¿Qué lo has estado pensado? Yo creía que tú no pensabas en esas cosas, quién te ha dicho que estamos perdiendo el tiempo, esos amigos tuyos nuevos, los de las clases de meditación...
- Pablo, esto no va bien, ya casi no coincidimos en nada.
- Ya sabia yo que esas tonterías de las clases de meditación no eran una buena idea.

martes, 3 de enero de 2012

La lista de libros


Hoy me he dado cuenta de que no voy a ser capaz de leer todos los libros que tengo pendientes. He hecho listas para que no se me olviden, pero ya tengo varias, nunca recuerdo dónde guardo la última. Quizás en la nube no sea un mal término incluso para una mente desconectada de la virtualidad como la mía.

La lista actual tiene la suerte de contar con el libro electrónico como compañero de viaje. Eso nos facilita mucho la vida. Si fuera un melómano no me sentiría tan mal de contar en mi lista con títulos tan dispares, siempre se ha dicho que la riqueza está en la mezcla.

Chejov se ríe de Sherlock Holmes porque sospecha que no hay Nada interesante en Laforet. Poe se ve extraño animando a un triste Al’Thor por ver morir a su creador antes de que La Rueda del Tiempo pudiera dar su último giro en esta Era. Pero claro, los versos de amor fallecieron y aunque resisten los libros que los vieron nacer, no pasan del rango de olvidados en algún cementerio de aquellos.

Cojo una cerilla de aquel restaurante mejicano en Suiza, y la prendo con celeridad, que no hay tiempo que perder. Mientras la funda abraza los chips de mi e-libro entre llamas, tacho uno tras otro los títulos que ya no leeré, y al tachar el último comienzo a pensar cuál será el siguiente libro que lea.

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