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miércoles, 5 de octubre de 2011

Las decisiones de Annie


Annie --

Annie terminó de peinarse justo cuando su novio se levantó de la cama. La maleta estaba preparada ya, desde la noche anterior junto a la entrada, pegada al bolso. Stephen se puso a mear bostezando y dando respingos a partes iguales. Annie recogió la bolsita con las compresas sucias y le esquivó al salir del baño, dejando un vistazo furtivo al girar.

- No es para tanto- , escuchó a su madre en su cabeza, - yo a tu edad ya había parido a dos hijos y ¿crees que me quejé de lo que dolió pariros? No, por supuesto que no lo sabía.

Annie fue a darle un beso de despedida, Stephen cerró la puerta para tener su momento especial (cómo él solía decir). - Me voy - le dijo a través de la madera, y le pareció escuchar algo parecido a un asentimiento. Un gruñido quizás.


Marc --

La vida en soledad era una elección según Marc. ¿quién iba a aguantar el ritmo de vida del personal de vuelo? A él realmente nunca le había importado mucho los horarios, ni estar fuera de casa durante días, ni siquiera tener pareja estable. Según Marc vivir sólo era un pequeño precio por hacer lo que le gustaba.

Recogió a Annie a la puerta de su casa, se había ofrecido muchas veces (más de las razonables según su testosterona).

- ¿Cómo va todo?
- Va.
- ¿Sólo va? Pero bueno, ¿qué es esa cara?
- No es un buen día - giró la cabeza y miró al frente, esperando arrancar.

La mueca --

- Por favor, ¿me podría atender?
- Dígame, Señor - respondió el azafato.
- Ve, ve, ¿le parece normal? - dijo señalando a la maleta encajada debajo del asiento de delante. Uno es cívico  y hace lo que le dicen, guarda la cola ¿y ve lo que pasa?, ni un maletero libre.
- Hoy llevamos el vuelo lleno, Señor, si quiere...
- Siempre igual y ahora me dirá que reclame ¿no? ¡pues no me da la gana!, ¿se cree usted que voy a estar todo el viaje con la maleta aquí debajo? Uno es cívico y sigue su mierda de normas, ¿para qué?, para que le tomen el pelo, ya se lo digo yo. Que cuando yo he llegado ya había gente sentada aquí, se han colado, se lo digo yo que he sido el primero cuando llamaron a estas filas.
- Señor, puedo intentar...
- ¿Para qué? para nada, soy cívico porque a nadie le importa un mierda los demás, un poco de respeto, tan solo un poco de respeto.

El azafato cogió aquella especie de maleta de tipo médico practicante de pueblo y se la llevo. Al rato le informa de que ha podido encontrar hueco.

- Si es que no es normal, ¡ya me dirá como reclamar! ¡Esto no es normal!

El tipo se saca un taco de fotocopias encuadernadas a canutillo y un lápiz, y se pone a leer, haciendo correcciones en los márgenes, apretando las letras y parando a medias de cada frase. El membrete de la agencia tributaria lucía en cada una de las páginas.

El choque --

- Señor, soy la sobrecargo de su vuelo, mi nombre es Annie. ¿En qué puedo...?
- En nada, me temo. Gracias a Dios que su compañero ha encontrado sitio para mi equipaje ¿le parece normal?
- Señor, el vuelo está completo hoy. Cómo sabe es política de la compañía permitir a bordo un maletín junto con una maleta de mano. Sólo hay espacio para equipaje de 90 personas y llevamos 150, por...
- ¿Usted me ve cara de imbécil o qué? - gritó el tipo.
- Señor, …
- Es que yo creo que a veces uno parece imbécil o habla para las paredes.
- Señor, si me permitiera terminar de explicarle...

La agarró por el brazo mientras volvía a comenzar su retaila de quejas. Annie gimió, intentando zafarse mientras miraba a su alrededor nerviosa. Una señora gritó a su espalda justo cuando vio pasar el brazo de Marc. El golpe le dió de lleno en el pómulo, y la blusa de Annie lo notó, vaya si lo notó.

Epílogo --

Annie aún tenía la cara desencajada. Horrorizada por el destrozo en la cara de aquel viajero. Contestaba las preguntas de la policía del aeropuerto mecánicamente, visualizando la mueca de Marc como fotogramas insertados en una película de terror de los 80.

En aquel momento fue cuando decidió no tener hijos. Seguro que ya se tendría que haber dado cuenta, pero fue ahora cuando decidió también dejar de relacionarse con neuróticos. Se iría lejos, quizás con su amiga Amanda, a la costa. Y bebería cerveza fría al atardecer. Sí, eso, cerveza fría.

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