Translate

viernes, 9 de septiembre de 2011

La venganza como cura del alma


[El comprador de recuerdos IV]

Lo sabía, sabía que era él. Peter Brandon.

El inspector de policía no había querido darle nombres, decía que era peligroso dar nombres sin pruebas, que aún tenían varios sospechosos en la lista. Fue fácil conseguir los informes, Pedro conocía perfectamente a estas alturas como funcionaban en la comisaría, y lamentablemente era uno más de la familia desde que Andrea fue secuestrada y asesinada. Aún le costaba pensar en Andrea  de esa manera, aún la veia en cada calle entre la gente, volviendo de trabajar a media tarde, sonriendo al levantarse.


Peter Brandon. No había pruebas aún, pero desde que le vió cara a cara lo supo, supo que era él. Habló incluso con su abogado, aquel al que partió la cara cuando iba a defenderle hace un mes en los juzgados.

Al principio pensó en quitarse la vida cuando todo acabara, pero había sufrido tanto que pensó que quizá le debía a su alma un poco de tiempo, algún día de felicidad, con la tranquilidad de que todo había acabado. Sentía el hambre en su interior, esa sensación de venganza justa, de dolor sin pagar, de miedo al vacío.

Le vió salir como todos los días de esa misma semana, camisa de manga corta de finas rayas verticales, hoy azules. Le vió cerrar la puerta, girarse sobre los talones y dirigirse hacia la valla de la casa. Se volvió hacia la derecha, en busca del paso de peatones de la calle de San Roque. Al cruzar la calle un perro ladró, y el señor Brandon levantó la cabeza.

Fue suficiente para que Pedro pudiera mirarle a los ojos mientras su paragolpes le golpeaba. El cuerpo saltó por encima del coche rompiendo el parabrisas con un golpe seco. Los nemáticos de Pedro no hicieron ruido al parar, tan sólo su respiración agotada le sacó de su hipnosis privada. Pulsó la rellamada del manos libres - “Policía, dígame.”

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Buscador de finales imaginados

Loading