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miércoles, 1 de junio de 2011

El comprador de recuerdos

- Un recuerdo, un euro - sonrió de medio lado, con ese gesto de quién tiene una rutina asimilada -. Vamos, no te pido tanto - y dejó una moneda delante suyo.

Andrea aún parpadeaba intentando despejarse, la sensación de agotamiento y pesadez le recordaba a cuando no era capaz de despertarse y luchaba por abrir los ojos en las tardes de verano. La moneda era nueva, o al menos lo parecía tan limpia y brillante sobre la desvencijada mesa de madera. Se revolvió en la silla y golpeó sin querer las patas, la moneda se movió y recibió de nuevo un golpe en la cabeza. Fue seco, directo, sin pensar. Andrea gimió y luchó por no volver a llorar.


Las paredes estaban empapeladas, amarilleaban de tanto vivir y los bordes se despegaban como si fueran pergaminos de los setenta. Se oyó la puerta al cerrarse con fuerza, y Andrea sintió punzadas en las costillas al relajar la postura. Intentó respirar hondo para calmarse pero era casi imposible por las arcadas de sangre que le subian. Cerró los ojos un instante intentando controlar el mareo, recordó la primera vez que se mareó, fue en un barco, en un recorrido tan corto que hasta su hermana se reía. Pensó en levantar la cabeza y mirar hacia la puerta, pero perdió el conocimiento antes de lograrlo.

Cuando despertó ya había vuelto.

- Todo esto es una locura - acertó a decir - ¿Qué hago aquí?.

Esta vez el puño golpeó su ojo izquierdo de arriba a abajo, y su cuello chasqueó al rebotar la cabeza por el latigazo. Los dedos bajo los guantes movieron la moneda un palmo hasta que quedó justo enfrente de su cara.

- Canela - susurró entre los hilos de sangre que caían sobre sus rodillas.
- ¿Qué? No te oigo.
- Canela - volvió a decir Andrea. - Canela en la cocina, todo huele a canela. Acabo de llegar de la calle, entro en la cocina, y mi madre está preparando un postre. Todo huele a canela, me sonríe y me da un beso - tosió sobre la mesa. Entonces vio cómo recogía la moneda y la limpiaba cuidadosamente con un pañuelo blanco, guardándosela de nuevo en el bolsillo.
- ¿Ves como no era tan difícil?

Descansó la pistola en la nuca de Andrea y apretó el gatillo.

2 comentarios:

  1. Espeluznante. Me ha encantado. Enhorabuena por el Blog, vendré por aquí más a menudo.
    http://milcosasquenotedije.blogspot.com/

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  2. Gracias Benito, me alegra que te guste. He visto en un tu blog que llevas unos cuantos pasos más que yo como escritor. Si tú te consideras escritor novel, yo no soy más la precuela de la idea.
    Seguiré tus comentarios con asiduidad, estoy realmente interesado en saber como continua tu aventura para publicar.

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