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domingo, 19 de junio de 2011

La ira

[El comprador de recuerdos II]

El precio de la ira suele ser bastante más caro que la simple contra-prestación de haberse desahogado. “La ira es un estado mental generalmente sano” - mi ira se ríe de ti, dentro de mi cabeza. Yo no necesito cafeína, ni bebidas energizantes. Solo el silencio que calma lo que parece enfadarme sin descanso.

Es una sensación que comienza pensando que eres inútil, y que acaba llamándote imbécil a la cara. Sí, lo sé, alguna vez me ha costado tener la nariz rota. En una sociedad moderna la ira no tiene lugar, es frustración acumulada, vayámonos al campo, al cine o a jugar a la play. Me cago en la play y en todos los adultos que reviven su infancia cuando son adultos. Mi padre ni bebía, ni me pegaba, y mi madre no me dio más que cariño. Pero aquí estoy yo, “ira pasiva”, me dijo el cabrón del psicólogo. Que tengo que expresar mis sentimientos de otra forma, que sea creativo - y sonreía el muy idiota. En su vida no se ha arrepentido más de sugerir tal estupidez.

miércoles, 1 de junio de 2011

El comprador de recuerdos

- Un recuerdo, un euro - sonrió de medio lado, con ese gesto de quién tiene una rutina asimilada -. Vamos, no te pido tanto - y dejó una moneda delante suyo.

Andrea aún parpadeaba intentando despejarse, la sensación de agotamiento y pesadez le recordaba a cuando no era capaz de despertarse y luchaba por abrir los ojos en las tardes de verano. La moneda era nueva, o al menos lo parecía tan limpia y brillante sobre la desvencijada mesa de madera. Se revolvió en la silla y golpeó sin querer las patas, la moneda se movió y recibió de nuevo un golpe en la cabeza. Fue seco, directo, sin pensar. Andrea gimió y luchó por no volver a llorar.

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