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jueves, 19 de mayo de 2011

Katia

Las tardes de verano parecían eternas aquel año. Hacía un calor especialmente pesado, aturdía los pensamientos, pero también los sueños. Y las esperanzas. Corrían mediados de Julio, y no hacía más que pasar gente hacía el centro, con sus conversaciones y sus miradas.

La ventana de Katia daba a una calle bastante transitada del pueblo, la utilizaban todos aquellos que venían del norte y de las villas de la sierra. Los viernes hay mercadillo, por lo que el pueblo se llena de ganaderos y agricultores que normalmente no tienen contacto con la masa ignorante de nuestra sociedad.

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