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miércoles, 5 de enero de 2011

Todos tus sueños

No es que no le gustara dormir, lo que odiaba era soñar. Al principio era divertido. Recordaba uno o dos sueños cada noche. Al mes, comenzó a recordar cada uno de los sueños que tenía. Como si fueran recuerdos, pero más confusos. La primera noche que soñó con que perdía a su chica se despertó aturdido. La segunda nervioso. La tercera enojado. La cuarta llorando. Lo peor no era recordar, lo peor era seguir sintiendo aquello. Recordaba el dolor, la angustia, la felicidad, la añoranza...la pérdida. Se acostaba sin querer dormir, agobiado por lo que soñaría aquella noche.


Hacía unos meses probó con pastillas, pero fue peor. Los sueños se tornaron oscuros y terribles. Una noche se despertó golpeándose contra el suelo como loco intentando escapar de una celda inexistente.

La puerta del supermercado estaba ya cerrada. El único habitante el guardia de seguridad, que a punto de jubilarse tenía la suerte de dormir plácidamente más tiempo que vigilar. Se coló en la parte de atrás del almacén, sorteó los palés con los jamones que habían sobrado de la campaña de navidad y se plantó ante la entrada metálica. La cámara frigorífica era gigante. Un cartel rezaba “Cuidado, no permanecer en el interior más de 30 minutos”. Abrió el portón y entró con cuidado, como si alguien le fuera a oír en el interior. Sonó como un suspiro al cerrar.

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