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viernes, 16 de diciembre de 2011

Su propio guión


El miedo siempre lo sentía en el estómago, era su semáforo de estrés. Ya habían pasado más de dos años desde que se diera cuenta de que algo no iba bien, pero hasta hoy no había sido capazde entender cuál era su problema. Era tan sencillo de pensar como difícil de solucionar.

Todo parecía estar cogido con alfileres, como diría su abuela. Su vida, su trabajo, sus relaciones. Vivía en un caos permanente, cuyo frágil equilibrio era un misterio que perforaba su ánimo día a día. Cada día era una prueba más retándole a mantener la depresión a un lado. Cada día sabría si algo nuevo estallaría, se rompería o se mantendría arriba.

Javier se acuesta relativamente temprano, intenta madrugar y empezar con ánimo el día. Es diligente en su trabajo e intenta ser complaciente con sus amigos. No tiene a nadie que le haga las tareas en casa, se esfuerza por hacerlas por sí mismo. Y entonces ¿por qué tenía esa sensación constante de agobio? ¿Por qué tenía esa presión en el estómago que no le permitía dormir tranquilo? ¿Por qué nada le hacía sentir alegre? ¿Por qué tenía siempre ganas de dejarlo todo y salir corriendo?

Había reescrito su propio guión tantas veces que ya era difícil entrever si la película iba a ser una tragedia o simplemente una comedia de mal gusto, tanto más complicado decir si iba a tener final feliz. Lo que estaba muy claro es que nadie le pagaría un euro por él.

viernes, 28 de octubre de 2011

El taller de muñecos


El taller de reparación de muñecos era como un recodo en el camino. No lo veías hasta que te lo encontrabas de frente, como surgido de la nada. Las paredes empapeladas oscurecían la entrada donde un aprendiz atendía tras un mostrador de madera.

El chico pelirrojo cerró la puerta justo cuando Amelia entró, extraño para estos tiempos de necesidad, no tan raro para una tienda que llevaba abierta tanto que nadie recordaba cuando se abrió. Amelia se recogió el pelo rizado hacia un lado mientras observaba como giraba el cartel que colgaba del cristal y volvía con una sonrisa en los labios.

Amelia dejó sobre el mostrador dos muñecas de porcelana. A una le faltaba el ojo derecho, la otra había recibido un golpe en la mejilla, que había dejado un hueco en forma de triángulo. El aprendiz sacó de debajo del mostrador un cuaderno pequeño de notas y escribió varias líneas. Levantó la mirada y se quedó absorto durante un par de segundos, clavando sus ojos en algún lugar de Amelia, bajó la cabeza y escribió una línea más.

miércoles, 5 de octubre de 2011

Las decisiones de Annie


Annie --

Annie terminó de peinarse justo cuando su novio se levantó de la cama. La maleta estaba preparada ya, desde la noche anterior junto a la entrada, pegada al bolso. Stephen se puso a mear bostezando y dando respingos a partes iguales. Annie recogió la bolsita con las compresas sucias y le esquivó al salir del baño, dejando un vistazo furtivo al girar.

- No es para tanto- , escuchó a su madre en su cabeza, - yo a tu edad ya había parido a dos hijos y ¿crees que me quejé de lo que dolió pariros? No, por supuesto que no lo sabía.

Annie fue a darle un beso de despedida, Stephen cerró la puerta para tener su momento especial (cómo él solía decir). - Me voy - le dijo a través de la madera, y le pareció escuchar algo parecido a un asentimiento. Un gruñido quizás.

viernes, 9 de septiembre de 2011

La venganza como cura del alma


[El comprador de recuerdos IV]

Lo sabía, sabía que era él. Peter Brandon.

El inspector de policía no había querido darle nombres, decía que era peligroso dar nombres sin pruebas, que aún tenían varios sospechosos en la lista. Fue fácil conseguir los informes, Pedro conocía perfectamente a estas alturas como funcionaban en la comisaría, y lamentablemente era uno más de la familia desde que Andrea fue secuestrada y asesinada. Aún le costaba pensar en Andrea  de esa manera, aún la veia en cada calle entre la gente, volviendo de trabajar a media tarde, sonriendo al levantarse.

miércoles, 31 de agosto de 2011

Cambios


Hoy empiezo de cero. Lo acabo de decidir. ¿Por qué? Porque sí, por cambiar. Me cansé de que todo fuera bien, me acostumbré a vivir sin problemas y me sonríe la vida. Soy de pocos amigos, y últimamente caigo bien a la gente, será que me hago mayor.

Se lo tengo que decir a mi perro, no le va a sentar nada bien. Pero creo que mi mujer tampoco sufrirá tanto, ya me ha dicho un par de veces que hay que viajar más. Tendré que decidir si sigo casado o me separo, aún no he terminado el borrador para los próximos años.

El coche me gustaba, pero creo que seré ecologista, no más coche al menos hasta la siguiente vez. Además, si voy a viajar necesito todo el dinero que pueda juntar. ¿Me darán algo por el perro? Lo tengo que preguntar.

jueves, 7 de julio de 2011

La depresión

[El comprador de recuerdos III]

Pedro no dormía más de 2 horas seguidas desde que Andrea desapareció. La vida ahora era un bailar continuo de un sitio a otro sin objetivo concreto. Sinsentido tras sinsentido, intentaba pensar en algo más pero su mente estaba bloqueada y su cuerpo desfallecido. El ojo derecho había adoptado un tick que llevaba tres días acompañándole sin descanso.

La policía no tenía esperanzas de encontrarla viva. Según el inspector que había hablado con él tenían alguna pista que seguir, en los últimos tres meses habían detectado varios casos con alguna tendencia común. La policía no tenía esperanzas.

El mundo está lleno de pirados, habían dicho. Tenemos varios fichados, incluso algunos en procesos judiciales ya.

Cerró los ojos y escuchó el murmullo a su alrededor, el ruido de fondo de sus preocupaciones, pero nada más.

domingo, 19 de junio de 2011

La ira

[El comprador de recuerdos II]

El precio de la ira suele ser bastante más caro que la simple contra-prestación de haberse desahogado. “La ira es un estado mental generalmente sano” - mi ira se ríe de ti, dentro de mi cabeza. Yo no necesito cafeína, ni bebidas energizantes. Solo el silencio que calma lo que parece enfadarme sin descanso.

Es una sensación que comienza pensando que eres inútil, y que acaba llamándote imbécil a la cara. Sí, lo sé, alguna vez me ha costado tener la nariz rota. En una sociedad moderna la ira no tiene lugar, es frustración acumulada, vayámonos al campo, al cine o a jugar a la play. Me cago en la play y en todos los adultos que reviven su infancia cuando son adultos. Mi padre ni bebía, ni me pegaba, y mi madre no me dio más que cariño. Pero aquí estoy yo, “ira pasiva”, me dijo el cabrón del psicólogo. Que tengo que expresar mis sentimientos de otra forma, que sea creativo - y sonreía el muy idiota. En su vida no se ha arrepentido más de sugerir tal estupidez.

miércoles, 1 de junio de 2011

El comprador de recuerdos

- Un recuerdo, un euro - sonrió de medio lado, con ese gesto de quién tiene una rutina asimilada -. Vamos, no te pido tanto - y dejó una moneda delante suyo.

Andrea aún parpadeaba intentando despejarse, la sensación de agotamiento y pesadez le recordaba a cuando no era capaz de despertarse y luchaba por abrir los ojos en las tardes de verano. La moneda era nueva, o al menos lo parecía tan limpia y brillante sobre la desvencijada mesa de madera. Se revolvió en la silla y golpeó sin querer las patas, la moneda se movió y recibió de nuevo un golpe en la cabeza. Fue seco, directo, sin pensar. Andrea gimió y luchó por no volver a llorar.

jueves, 19 de mayo de 2011

Katia

Las tardes de verano parecían eternas aquel año. Hacía un calor especialmente pesado, aturdía los pensamientos, pero también los sueños. Y las esperanzas. Corrían mediados de Julio, y no hacía más que pasar gente hacía el centro, con sus conversaciones y sus miradas.

La ventana de Katia daba a una calle bastante transitada del pueblo, la utilizaban todos aquellos que venían del norte y de las villas de la sierra. Los viernes hay mercadillo, por lo que el pueblo se llena de ganaderos y agricultores que normalmente no tienen contacto con la masa ignorante de nuestra sociedad.

martes, 26 de abril de 2011

En la misma página

Es triste ver a adultos comportarse como críos - pensó mientras volvía a casa. No con inocencia, o libre pensamiento, ni siquiera disfrutando de las cosas cotidianas sin pensar demasiado en ello. Como críos pataleando, con intentos inútiles por hacerse entender. Nunca le gustó discutir, pero ahora "de mayor", mataría a más de uno por no tener el sentido común de mejorar, de salir de su micromundo del ombligo universal, de yo y a mí manera, del pataleo porque las cosas no son cómo a mí me gusta.

Porque tú eres así, ya lo sé, ese es el problema, que aún eres así, desde que eras pequeñito.

Pedro cerró el libro en la misma página dónde lo abrió en metro Colombia, se bajo en Mirasierra y caminó despacio, disfrutando del cielo afrutado de las tardes de primavera en Madrid, en dirección a la panadería de Andrea.

jueves, 3 de marzo de 2011

Desconocidos

## Comentario
Hoy se ha publicado un nuevo Final Imaginado en el Blog de De Cabo llamado Desconocidos.

Espero que os guste.
## Fin Comentario

domingo, 20 de febrero de 2011

Las vallas del camino

Sí, lo sé, pensó Javier mientras caminaba de vuelta. Sé que es un poco infantil. No, un poco no, muy infantil. Lo sé. Sé que hace mucho que debería controlar mis reacciones, y más aún teniendo en cuenta la facilidad con la que afloran los sentimientos en mi día a día. El camino parecía igual que hace años cuando lo solía recorrer con sus primos. Pero no, nada era igual. Una valla cercaba ahora la franja derecha, por dónde llegaba el río, limitando el pequeño bosque artificial de árboles para talar y vender. Las ovejas aún pastaban al pasar, habían logrado pasar rompiendo la valla un poco más arriba.

sábado, 12 de febrero de 2011

A él y al otro

Lo peor que le podría pasar a una persona sería poder escuchar los pensamientos de los demás. Aparte de la salud, claro está. La salud siempre por encima de todo, Dios me libre de pensar algo diferente (mal rayo me parta). Si alguien pudiera leer mis propios pensamientos seguramente se asustaría. Más de una vez he pensado que si pudiéramos  escuchar los pensamientos de los demás todos seríamos acosadores, delincuentes y presumidos. Sobre todo presumidos. Nuestras esposas y maridos ya no confiarían más en nosotros y nuestros hijos nos abandonarían a nuestra propia suerte.

Es como ver una misa desde la barrera, como si fueras un banco o una cristalera, todo te parecería un espectáculo difícilmente justificable. Pero nadie puede oírte, y cuando pienso para mí no soy la misma persona, o tal vez soy yo la que vive dentro, el yo de verdad. Y la de fuera es solo otra, otra que presta atención a los demás, que es amable y considerada, generosa y buen amante.

Hoy me he escuchado pensando en otro, pensando en otro de forma malvada, primero deseándolo, y luego más tarde despreciándolo. Despreciándolo porque no es para mí, porque me doy asco por pensar en otro, y porque mi novio no lo sabe. Si lo supiera me dejaría, estoy segura, y por eso le desprecio, a él y al otro.

sábado, 29 de enero de 2011

Si me vas a mentir

Si me vas a mentir, por favor hazlo con cariño. No me digas la verdad, no quiero saberlo. Quiero seguir teniendo este mundo, con tus ojos tristes cuando no te veo, con tu sonrisa si te miro. Me gusta ver el mundo como si nada fuera real y todo perfecto. Ya no hay mundo ahí fuera porque ya lo construí yo por los dos. Con sus calles románticas y sus tiendas para visitar. Con su lluvia parisina y su sol de verano sobre la piel.

No me gustan las ventanas de casa, no me gusta la luz del día, de ayer ni de mañana. Dime que podemos ser felices sin ver, acaricia mi pelo y dime que nada ha cambiado, que sigues ahí cuando vuelvo de trabajar, que todo fue bien en el día y que saldremos a comprar. Saldremos a dar un paseo, hablaremos de algo, que no sea más que un pretexto para besarte cuando ríes, y me cojas de la mano sin pensar.

Si me vas a mentir.

lunes, 17 de enero de 2011

La dependencia positiva

Respiro tranquilo de ti,
de tus sueños y tus anhelos.
Me acuerdo de mí,
de mis miedos y mis celos.

La mitad de mi vida
se ha escondido del mundo,
arrastrada a la deriva
por exigencias y apuros.

Ahora he elegido ceder
y dejarme ir contigo, sin rima,
con todo que perder
por tu dependencia positiva.


miércoles, 5 de enero de 2011

Todos tus sueños

No es que no le gustara dormir, lo que odiaba era soñar. Al principio era divertido. Recordaba uno o dos sueños cada noche. Al mes, comenzó a recordar cada uno de los sueños que tenía. Como si fueran recuerdos, pero más confusos. La primera noche que soñó con que perdía a su chica se despertó aturdido. La segunda nervioso. La tercera enojado. La cuarta llorando. Lo peor no era recordar, lo peor era seguir sintiendo aquello. Recordaba el dolor, la angustia, la felicidad, la añoranza...la pérdida. Se acostaba sin querer dormir, agobiado por lo que soñaría aquella noche.

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