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domingo, 29 de agosto de 2010

Después de cenar

Su reloj despertador era digital. Los números se iluminaban en rojo. Le costó mucho encontrar uno que no diera tanta luz que pareciera estar en una discoteca por las noches. No es que fuera una maníaca de cerrar las ventanas y persianas para no ver ni un rayito de luz, pero a veces se agracedía un poco más de intimidad, sobre todo cuando estaba con su chico.

Lo que más le sorprendió a su chico cuando se conocieron fue que Janis no tuviera nada de música en casa, con lo que le gustaba. De hecho su nombre se lo pusieron sus padres en honor a Janis Joplin, lo que fue al final fue un preludio de sus gustos. A Janis solo le gustaba escuchar música en la radio cuando estaba en casa, tenía uno de esos nuevos aparatos enchufado a su amplificador que se conectaba a Internet y permitía escuchar cientos de emisoras online.


Janis adoraba esa sensación de no saber qué es lo que iba a sonar a continuación. No era capaz de sentir lo mismo si ponía un cd, se aburría tremendamente. Pero eso de encontrarse aquella canción que le encanta por sorpresa... Era parecido a encontrarse esa película que has visto mil veces en la tele un domingo por la tarde y quedarse enganchado incluso con anuncios, pero nunca se te ocurriría ponerla desde el dvd.

Dani aún no lo sabía, pero Janis iba a dejarlo esta misma noche con él. Después de cenar.

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