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martes, 25 de mayo de 2010

Cuando me despido

Los días que me despido de mi vida anterior me parecen especiales. Parece que los problemas ya no lo son tanto, que con un poco de esfuerzo todo puede salir bien. Miro a mis amigos y me parece ver ese vínculo especial que siempre nos ha unido, pero lo veo de verdad, puedo tocarlo y me pregunto cómo no lo podía ver antes.


Esos días me imagino palabras de despedida, agradecimiento por todo lo que me han dado, disculpas por lo que no supe dar. Me encanta la sensación de dejar una etapa atrás, cerrar una parte de tu existencia para entra en otra nueva, desconocida pero atrayente. Cada vez que me despido de mis viejas obsesiones es como si cambiara de piel, y colgara de una percha mis recuerdos, por si alguna vez los necesito, según están, limpios o sucios, feos o bonitos.


Lo que antes me parecían comportamientos inaceptables, roces incalculables, ahora ya son pequeños hábitos que no van a ninguna parte, porque todos somos diferentes y especiales, quién lo hubiera dicho hace tan sólo unos días. Ya no me molesta que me pregunten, ya sonrío sin deber nada, ya veo las buenas intenciones y me gusta afrontar retos. Dónde todo era desquiciante, ahora encuentro la calma.


Los días que me despido de lo que fui me gusta imaginar lo que será, lo que puedo ser y lo que seré capaz de ser. Los días que me despido no me gusta decirme adiós, prefiero hasta pronto, sé que me encontraré de nuevo, antes o después, con todo lo que he sido.

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