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domingo, 21 de marzo de 2010

Las cuatro maneras de verme


Nombre: Álvaro

Las arrugas en los ojos nunca me han importado. Que los ojos se me hayan apagado un poco sí que me duele, para qué mentir. La piel llega un momento en que empieza a ser mucho más seca que hace años. El pelo sigue siendo igual de fuerte que siempre, alguna cana que otra, claro, pero ahí los genes juegan a mi favor. Los hombros un poco inclinados hacia delante, y cierto aspecto formal. El espejo siempre hace justicia, no hay sentimientos, no hay subjetividad, no hay magia, es lo que ves, ves lo que es.

Edad: 45

Me siento cansado, pero no cansado de hoy, ni de ayer, cansado de hace tiempo. Miro triste, cuando no enfadado. Son muchos años trabajando, y los que quedan aún, muchas batallas perdidas, alguna ganada que guardo en la mesita de noche para no olvidar. La espalda me duele cada vez más frecuentemente, y cada día que pasa siento que consumo un poco de lo que me queda para seguir adelante.


Estado: Casado

Despierto y luchador cuando me miro en tus ojos. Cuando me veo me imagino y parece que no soy yo mismo cuando pierdo tu mirada. Veo tu voz, tu sonrisa, tu manera de tratarme, tus palabras, lo que piensas, lo que me cuentas. Construyo el mundo como me gusta, le pongo gente, casas, amor, besos, abrazos, respeto y amigos. Les doy un poco de tu forma de ser y me siento contento de vivir allí.

Situación: Desempleado

La voz de la experiencia nunca surgió. O tal vez no la escuché. Paso desde hace días entre mis compañeros y solo puedo fijarme en gestos que nunca antes había percibido. Me siento extraño en un mundo conocido, me siento inmigrante en lo que fue siempre mi casa. Me habré mudado a la casa de vacaciones que es mi casa de verdad para pasar mucho tiempo observando que el mundo puede vivir sin mí. Y cuando me quede tiempo, compraré un billete para ir a visitarte.

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