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sábado, 16 de enero de 2010

El pasillo

El pasillo de mi casa no es grande. Más bien diría que es pequeño. Sin embargo es lo suficientemente espacioso como para que la gente que llega se sienta a gusto al llegar.

La puerta de la cocina queda a la derecha según entras. Lo que me gusta de la cocina es que tiene muebles a ambos lados, bueno, salvo la zona de cocinar que tiene una campana vista. El día de mi cumpleaños de hace 3 años, Alberto casi se deja un ojo en la esquina de esa campana. La verdad es que debería haber elegido la redondeada, sin lugar a dudas mucho menos asesina que la cuadrada.

Según entras en el salón ya te das cuenta de por qué has comprado este piso, la luz te absorbe por completo. Además el equipo de cine en casa y el proyector contra la pared no te dejarán libre ni un fin de semana. Fue un capricho lo sé, pero es una de esas cosas que haces casi para que vengan a verte. Menudos partidos en la Eurocopa.

La habitación es única, acogedora, incluso le instalé unos altavoces auxiliares desde el amplificador del salón, 7+1 o 5+1 más dos altavoces auxiliares, vamos ni haciéndolo a propósito. La cama baja, estilo japonés, con su madera alrededor. La tetera de hierro fundido encima de la cómoda, con sus correspondientes vasos, que me traje de China. Eso sí que lo estoy echando de menos, los viajes que hacíamos al otro lado del mundo, como si estuviera todo pasando Torrejón.

Mi amigo Dani dice que debería haber comprado un cartel más grande, que desde tan alto el número de teléfono casi no se veía. Pero bueno, parece que la gente tiene mejor vista de lo que pensamos. Tipo buitre diría yo.

El pasillo de mi casa me cuenta cosas, aunque me imagino que ni al banco ni al nuevo dueño que la compró por dos duros le interesaran mucho.

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