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lunes, 16 de enero de 2017

Prescindible

Miró por la ventanilla del taxi, la poca gente que quedaba por la calle a esas horas volvía con prisas a su casa para cenar con la familia, y se preguntó qué narices había hecho en su vida para resultar tan triste y prescindible. Sí, prescindible era la palabra.

Había leído varios libros de autoayuda, uno de ellos hablaba no sobre cómo ser imprescindible sino como ser indispensable, esencial, necesario. Este tipo de libros siempre le dejaban confundido, comenzaba muy ilusionado, con la esperanza de encontrar la varita que resolviera con unos sencillos pasos el rompecabezas de su vida, pero acababa más bien derrotado ante la evidencia de que todo aquello parecía no tener que ver con él.

Una vez intentó aplicar unas teorías sobre autoconfianza con una chica de su instituto. Las personas carismáticas eran seguidas como líderes por su seguridad y confianza, nadie quiere subirse a un coche donde el conductor no tiene claro cómo conducir o a dónde ir. Limpio, sencillo, claro.

jueves, 1 de diciembre de 2016

La dulce sorpresa de Candela

No estaba nada orgulloso de su re-encuentro con Candela, todos estamos antes o después en alguna lista, él había estado siempre en la de los raros desde donde su memoria le permitía recordar. Sí, le hubiera gustado cruzar la débil línea que te hace estar en la de los especiales. La gente especial es en un noventa y nueve por ciento gente rara, es de cajón, eres especial porque tienes algo que los demás no tienen, algo “raro”. La diferencia se encuentra en el viento, vamos, en si en ese momento tu rareza es deseada por los demás, esa escasez deliciosa que hace que se mueran por ti.

Ella debió percibir sin duda en él esa sensación de despertar, Pedro lo comparaba con lo que había visto en esos programas de televisión sobre hipnosis, donde un “especialista” en el tema hipnotizaba gente y les pedía hacer cosas absurdas. Las víctimas siempre volvían de su paréntesis como perdidos, buscando referencias a su alrededor para entender, para encontrarse de nuevo.

lunes, 7 de noviembre de 2016

Los viajes desconcertantes (Parte 2)

La espera en la sala de la terminal fue menos dolorosa que los veinte minutos sentado dentro del avión mientras desembarcaba todo el pasaje menos él. Las miradas del resto de pasajeros se fueron quedando prendadas en su ropa, en su piel, en su cabeza hasta formar una capa oleosa, imposible de ignorar, que le impregnaba hasta el fondo, donde fuera que estuviera su fondo.

Aún no había podido beber ni comer nada, lo había pedido, pero no les permitían darle nada dijo el policía que custodiaba la puerta. El frío del suelo traspasaba sus calcetines, y prefería no levantarse por si caminar sin cinturón le jugaba una mala pasada. Otro ridículo más no podría soportarlo.

viernes, 4 de noviembre de 2016

Los viajes desconcertantes (Parte 1)

Llevaba años viviendo en la frustración, pero el último viaje terminó por reventarle en la cara.

Empezó como cualquier otro de aquellos malditos viajes de trabajo. Los vuelos a primera o última hora tenían el espectáculo añadido del sol sobre el horizonte, esa luz anaranjada sobre todo al atardecer que ilumina el interior del avión como un árbol de navidad. En general era algo agradable, solía ver salir el sol cuando empezaba una jornada en el aire animando a empezar positivo, y al volver, el atardecer iba cerrando su mente hasta aterrizar y desconectar de camino a casa.

Sin embargo estaban los que llamaba viajes desconcertantes, aquellos en los que tenía que salir por la tarde hacia el Oeste, ganando unas horas y luego volvía hacia el Este de noche perdiendo de nuevo esas horas. Aquel fue uno de esos viajes.

miércoles, 5 de octubre de 2016

Mira quién ha venido a verte

Se lavó la cara con agua tibia, y aguantó un poco con los dedos sobre los ojos, aliviando la presión todo lo que pudo. Se secó con las últimas toallitas de papel que quedaban en el dispensador y se quedó mirando al espejo los efectos de las últimas horas.

La frente marcaba exageradamente las arrugas de siempre, los ojos caídos y las bolsas oscuras gritaban por un minuto de descanso mientras los labios agrietados y secos se conformaban con unas gotas de agua. Cogió entre las manos un poco de agua varias veces seguidas y bebió hasta que sintió el alivio en su garganta.

viernes, 2 de septiembre de 2016

Victoria Green

Victoria entreabrió los ojos y miró la puerta cerrada del despacho. El polvo flotaba por toda la habitación, y el zumbido del ventilador del techo resultaba desagradable. Giró la cabeza hacia atrás y se tapó los ojos con dolor antes de cerrar las cortinas de un manotazo. La botella de whisky que abrió anoche estaba vacía y el vaso había rodado entre sus piernas hasta esconderse debajo del escritorio.

La vida era una mierda - pensó - una mierda pero que muy grande. Cuando parece que llevas una jugada decente te cambia la baraja o te la rompe en la cara sin piedad. Y a callar.

domingo, 13 de marzo de 2016

El búnker de Erin

El búnker de Erin medía 11 metros de largo por unos 7 de ancho. Cuando sus padres construyeron la casa era un sótano de acuerdo a los planos. Una sala a 15 metros de profundidad no era sótano a ojos de cualquiera, pero para sus ojos infantiles era un sótano y una sala de juegos. El padre de Erin era ingeniero químico, y diseñó personalmente las características del sótano. La estructura era de hormigón armado y el interior consistía en un recubrimiento de planchas de acero corrugado montado sobre las paredes, techo y suelo. La escalera de bajada inicial no era muy diferente de cualquier escalera de un casa estándar, incluso tenía pasamanos de madera de roble. Sin embargo después de bajar dos tramos se acababa en un descansillo de hormigón con una escotilla en el suelo. La escotilla estaba siempre abierta cuando Erin jugaba por la casa, asegurada con una gruesa cadena y un gran candado a una argolla en la pared para que no pudiera cerrarse sin que sus padres estuvieran presentes. Una vez bloqueada desde dentro ya no era posible abrirla desde fuera. Aprendió a usarla pronto, al menos para lo que cualquier padre sería razonable.

Se descendía por la escotilla usando una escalera anclada a la pared en un túnel de bajada vertical. 5 metros más abajo se llegaba a otro descansillo con acceso a la primera estancia del recinto subterráneo. Era la zona de descontaminación. Cuando el sistema estaba activo había que pasar un análisis de radiación. Si se detectaban niveles significativos, la puerta interior se bloqueaba, había que cerrar la puerta exterior, desnudarse por completo, tirar la ropa a un extractor e introducir una clave en el teclado para la ocasión. El sistema se activaba y se realizaba una descontaminación completa. Solo entonces era posible cruzar la puerta interior.

lunes, 25 de enero de 2016

Los recuerdos de Javier

Sara sintió la luz sobre sus párpados cuando despertó, se estiró todo lo que pudo y echó un vistazo a Javier. Estaba tumbado de lado, de cara al armario, y respiraba profundamente. Salió en silencio y dejó la puerta casi cerrada, para que los sonidos de la casa no lo despertaran aún. Su hijo mayor había llegado tarde, muy tarde, pensó exactamente. Su puerta estaba cerrada. Javi sin embargo estaba viendo la tele abajo en la sala. Bajó a la cocina, encendió el tostador y puso la cafetera.

Al rato escuchó aquellos pasos inconfundibles bajando la escalera, como si su cuerpo se despeñara en cada escalón golpeando la madera. Javier miró a ambos lados al llegar abajo, la sala o la cocina, y volvió a mirar la sala. Se decidió a entrar en la cocina.


  • Señorita, ¿ha salido mi mujer? - preguntó.
  • Javier, soy yo, Sara. Estoy preparando el desayuno. ¿Quieres mermelada de melocotón? Compré ayer la que te gusta.
  • Señorita, yo nunca he desayunado tostadas ¡y mucho menos con mermelada! - gritó enfadado.


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